Elige un punto. Puede ser cualquier cosa: cerca o lejos, externo o interno, imaginado o real. Desde tu respiración, hasta un objeto, hasta una imagen, hasta una sensación.
Coloca ahí tu atención, y mantenla durante toda la duración del ejercicio.
La pregunta no es si tu mente divagará.
Va a divagar.
Cuando lo notes, trae la atención de vuelta al punto, con suavidad.
Divagar forma parte de la naturaleza. Es tu mente que intenta escapar: un mono que huye del circo.
Cuando divague, tráela de vuelta. Con paciencia. Sin juzgarla por divagar. Solo nótalo, y guíala de regreso.
Ese es el trabajo.
Cuando los pensamientos no dejan de moverse.
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